
Rubén
Martínez Villena, apasionante protagonista de la historia cubana
YURIS NÓRIDO
cultura@trabaja.cip.cu
En la madrugada del 16 de enero de 1934 murió, con los pulmones destrozados,
Rubén Martínez Villena, uno de los más apasionantes protagonistas de nuestra
historia. No tenía vocación de mártir, afirma su biógrafa Ana Núñez Machín:
Tenía madera de héroe
Rubén Martínez Villena andaba con la muerte a cuestas. Podía adivinarla, tocarla
casi, sentirla anidando en sus pulmones, creciendo lenta, implacable.
Rubén sabía que más temprano que tarde la muerte lo cubriría todo con hermético
misterio.
Tenía tuberculosis, que es como tener mil manos apretando dentro del pecho;
dolor que desgarra y ahoga, tortura indescriptible.
Vivió sus últimas horas en el sanatorio La Esperanza, donde era atendido con
especial esmero por su amigo, el doctor Gustavo Aldereguía. No perdió nunca su
sentido del humor, la intrepidez de tutearse con la enfermedad: después de
rebasar un fuerte ataque de disnea le ofrecieron un melocotón. Lo aceptó
sonriendo: “vale la pena comerse un melocotón antes de morir”. Tuvo fuerzas
también para jugar una partida de ajedrez.
Y cuando Aldereguía vino a visitarlo, a eso de las dos de la madrugada,
estuvieron hablando un rato sobre la situación nacional, complicadísimo panorama
de inestabilidad política, convulsión social, huelgas, levantamientos,
incertidumbre.
Unas horas antes de morir, sin preocuparse en lo absoluto por su estado físico,
Rubén Martínez Villena seguía siendo protagonista activo de su tiempo.
A las cuatro y media de la mañana, según reseñó el matutino Luz en su edición
del día siguiente, la muerte venció. Después de otro ataque de disnea, más
intenso que todos los demás, dejó de existir el poeta de exquisita sensibilidad,
el hombre de acción, el hijo y esposo amantísimo, el martiano y marxista, el
organizador de los obreros, el cubano honrado e íntegro, Villena mártir.
LUZ DE MEDIODÍA
En uno de esos pasajes de la historia que parecen pura leyenda, el Generalísimo
Máximo Gómez carga a Rubén Martínez Villena, entonces muy pequeño; lo mira
fíjamente a los ojos y profetiza: este niño brillará con luz de mediodía. Tan
intensa fue esa luz, en efecto, que 72 años después de su muerte Villena sigue
siendo uno de los más socorridos ejemplos de intelectual revolucionario y
luchador perseverante.
“Junto con Julio Antonio Mella, Rubén es el portaestandarte de una generación de
extraordinarios hombres, entre los que se encuentran algunos de nuestros más
ilustres héroes e intelectuales” —afirma Ana Núñez Machín, investigadora,
periodista y poetisa, que ha dedicado buena parte de su vida y su obra a hacer
pública las de Villena.
“Eran dos criaturas excepcionales y tenían muchas cosas en común: gran
inteligencia, sentido del deber y el sacrificio, honradez, valentía,
sensibilidad, carácter, capacidad organizativa y visión... La diferencia era
puramente física: Mella era fuerte, alto, lleno de salud. Rubén era un hombre
enfermo, débil, pálido y ojeroso.”
Quizás sus dolencias le acerquen al ideal romántico del poeta que muere mustio y
joven, con la cabeza llena de sueños que un cuerpo enfermo no pudo realizar.
“Pero Villena nunca dejó de hacer lo que creyó su deber, aunque pusiera en
peligro su salud y su vida”, aclara.
“Detrás de esa apariencia enfermiza, había un hombre muy valiente, porque hay
que serlo para discutir frente a frente con un asesino como Gerardo Machado,
decirle: Usted no debería hablar de comunismo, porque no sabe lo que es el
comunismo (lo de asno con garras lo dijo después, si se lo hubiera dicho en la
cara, no habría salido con vida de allí).
“Detrás de esa aparente debilidad, había un hombre enérgico: Protesta contra la
corrupción, polemiza, ingresa en el Partido Comunista, escribe, orienta,
discute, educa, ¡organiza la primera huelga contra Machado! Condenado a muerte
por el dictador, sale de Cuba exiliado.
Pero ya iba gravemente enfermo.” ¿Hasta qué punto Villena era consciente de que,
violentando su salud, se exponía a una muerte segura? ¿Hizo bien no tomando
todas las medidas para cuidarse, aunque implicaran un relativo alejamiento de la
lucha más directa? ¿Asumía con tanta naturalidad su muerte? Ana Núñez Machín, no
sin advertir
que hay muchos aspectos polémicos en la vida de Villena, intenta algunas
respuestas.
MADERA DE HÉROE
¿Tenía Rubén vocación de mártir?
“En algún momento él dijo que una revolución necesita víctimas, y también
necesita servidores de acero. No creo que se considerara víctima. En realidad
fue un servidor de acero de la Revolución. Por eso pienso que nunca tuvo
vocación de mártir, más bien de héroe, que es otra cosa. Cuando se convenció de
que no tenía cura, decidió regresar a Cuba; pero no para morir, sino para
luchar, para seguir siendo útil.”
Sin embargo, en su obra no son pocas las referencias a la muerte.
“Hay que tener en cuenta que el dolor lo marcó siempre. Primero por la temprana
muerte de su madre (1922), que lo afectó mucho. Y también, faltara más, por su
enfermedad. Una enfermedad pulmonar es terrible. El enfermo generalmente muere
ahogado.
Aunque él no temía tanto al dolor físico como a la imposibilidad de hacer más.
En una de las cartas a su esposa le dice que si no fuera un hombre moribundo
haría muchas cosas, porque en ese momento se sentía con la fuerza mental para
realizar todos sus sueños. Por eso, más que temerle, él despreciaba la muerte.”
No le faltaron súplicas, advertencias y hasta fuertes regaños de familiares,
amigos y compañeros de lucha para que cuidara más de su salud. ¿Debió
ignorarlos?
“En determinado momento él reconoció que, por el bien de la causa, debió haberse
cuidado más. A su esposa, en otra carta, le dice: si te hubiera hecho caso...
Pero estaba tan inmerso en la lucha. Esa era su vida. Pedirle que descansara era
como pedirle que lo abandonara todo. Hay una carta desde el sanatorio en la
Unión Soviética (lo habían enviado para que se recuperara, pero él no pasó allí
más de diez meses) donde dice: estoy aburrido de mí mismo.
Tanta paz, tanta monotonía, lo sacaban de quicio. Extrañaba la lucha, el
enfrentamiento, el día a día con los obreros.
Cuando en el invierno cerraron temporalmente el sanatorio, fue a Moscú, y en vez
de descansar se puso a trabajaren la KOMINTERN. Ese era su temperamento, no
podemos medirlo con el rasero de la mayoría de los hombres.”
REALIDAD Y MITO
Precisamente ser un hombre que no puede ser medido por raseros convencionales,
hace de Rubén Martínez Villena pasto del mito. Núñez Machín, como tantos otros
historiadores, no quiere divinizar a los héroes. “Se dice que Rubén solo fue
capaz de dirigir, desde su lecho, la huelga general contra Machado. Es cierto
que fue la cabeza pensante.
Pero hay que tener en cuenta que estaba postrado; no podía ver lo que estaba
pasando. Él dependía de los informes de sus compañeros; algunos de los cuales,
incluso, eran contradictorios.
En un momento llegó a decir: ¡me van a volver loco! No creo que sea exacto
afirmar que él solo dirigió la huelga, como dicen algunos.
La organizó, eso sí; la pensó. Pero no dirigió todas las acciones. No podía, si
se estaba muriendo”.
La investigadora tampoco está de acuerdo con la idea de que Villena—que en su
polémica con Mañach afirmó que no se consideraba un poeta—no creyera en el rol
emancipador de la poesía, de la buena poesía. “Mucho después de esa famosa
polémica, él recibe los poemas de Guillén y hace un análisis desde el punto de
vista literario. Por otra parte, siempre luchó por el enriquecimiento cultural
de los obreros, en el que, obviamente, la poesía representaba un factor
importante”.
No puede decirse, añade, que él renunciara a la poesía. “Sí dejó, al menos hasta
donde se sabe, de escribir poemas intimistas. Pero siguió escribiendo versos
consagrados a la lucha de los trabajadores. Hay algunos poemas de esta etapa que
son excelentes, desde el punto de vista estilístico, literario. Porque, lo
reconociera o no, siguió siendo un poeta —un poeta siempre es un poeta— y hasta
en su correspondencia, en las hermosísimas cartas que le enviaba a su esposa
Asela, se puede descubrir su voz lírica, su extraordinaria capacidad de amar.
Sin ese amor inagotable, Rubén no hubiera sido el gran hombre que hoy amamos”.
RUBÉN: CRONOLOGÍA MÍNIMA
20 de diciembre de 1899: Nace en Alquízar, provincia de La Habana.
Septiembre de 1916: Matricula en la Universidad de La Habana.
1919: Comienza a trabajar como auxiliar en un bufete.
1922: Se gradúa de abogado.
18 de marzo de 1923: Participa en la Protesta de los Trece.
1° de abril de 1923: Es uno de los fundadores de la Falange de Acción Cubana.
3 de noviembre de 1923: Asiste a la inauguración de la Universidad Popular
JoséMartí. Es su secretario.
14 de julio de 1925: Forma parte de la directiva de la Liga Antimperialista de
Cuba, junto con
Mella y Carlos Baliño.
Septiembre de 1927: Ingresa en el Partido Comunista de Cuba. Asesora a la
Confederación
Nacional Obrera de Cuba.
20 de marzo de 1930: Dirige una huelga general contra Machado.
Abril de 1930-mayo 1933: Años de exilio.
13 de mayo de 1933: Regresa a Cuba con pasaporte falso.
12 de agosto de 1933: La huelga general que organiza derroca a Machado.
21 de diciembre de 1933: Ingresa en el sanatorio La Esperanza.
16 de enero de 1934: Muere en La Habana.