
Ley de Ajuste Cubano
La
llamada "Ley de Ajuste Cubano", promulgada en 1966 -en plena Guerra
Fría- con la intención manifiesta de incentivar la salida ilegal de cubanos de
la Isla con destino a Estados Unidos, se ha convertido en la práctica en un
instrumento de provocación que en la actualidad afecta la normalización de las
relaciones migratorias entre Cuba y Washington.
A pesar de que ambos
gobiernos han manifestado en distintas ocasiones que el tratado migratorio
firmado entre Washington y La Habana tiene el propósito de desalentar las
entradas ilegales en Estados Unidos por parte de cubanos, la vigencia de esta
legislación que les otorga la permanencia legal en territorio norteamericano a
los nacionales cubanos que toquen tierra, constituye en la práctica el mejor
atractivo para aquellos irresponsables que en busca de una "vida más cómoda"
arriesgan no solo sus vidas, sino lo que es peor, arrastran en la aventura
suicida a mujeres y niños, que en mucho de los casos en vez de una mejor vida,
encuentran una muerte segura en las profundidades del mar.
¿A QUIÉNES BENEFICIA LA TAL LEY DE
AJUSTE CUBANO?
No es ciertamente al gobierno de Estados Unidos ni al pueblo norteamericano. Por el contrario.
Si lo que se desea
por ese país es que los extranjeros que entran a Estados Unidos sean personas
que cumplan los requisitos morales de lo que se han dado en llamar
"Inmigración deseable" en la inmensa mayoría los que escogen el camino de la
salida ilegal por mar son precisamente aquellos cubanos que han sido
rechazados por la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana por ser
considerados como
inaceptables de acuerdo con los
requisitos establecidos por el Departamento de Inmigración estadounidense.
Si Washington ha
establecido una cuota de 20 mil inmigrantes legales cubanos por año, ¿qué
razón puede haber para que una persona que tenga las calificaciones
para viajar legalmente, rechace esa oportunidad para salir clandestino de Cuba
con todo el riesgo que ello conlleva?
La respuesta es
obvia. Los que se lanzan al mar lo hacen porque saben perfectamente que no
tienen las calificaciones para obtener una visa norteamericana. ¿Es ese el
tipo de persona -muchos de ellos delincuentes comunes- que quiere el pueblo de
Estados Unidos como nuevos residentes?
¡Absolutamente no!
En toda la historia
que se ha tejido sobre "las balsas y los balseros" que llegan a las costas de
la Florida hay más mito y engaño que realidad. Lo cierto es que todo el que
conoce de navegación y está familiarizado con las corrientes marinas que
circundan a Cuba, sabe que de la costa norte de la Isla difícilmente se llega
a la Florida en una balsa.
Solo una embarcación
propulsada por motor o vela tiene fuerza suficiente para sobremontar la
corriente marina del gran Canal Viejo de Bahamas. Una balsa o un pequeño bote
sin motor o velas, es arrastrado por las aguas a la Corriente del Golfo de
México, en caso de que la embarcación gire hacia el Oeste. Si por el contrario
gira hacia el Este, entonces es llevada muy al norte, es decir, a la
inmensidad del océano Atlántico.
Tanto en un caso como
en otro, la muerte es lo más seguro. Solo hay posibilidades de salvación si un
barco se encuentra por pura suerte con los desesperados navegantes. Tan remota
es esta posibilidad como sacarse una lotería sin billete.
Para decir la verdad:
detrás de los que llegan están los contrabandistas de seres humanos. Son los
traficantes del mar que han encontrado este negocio tan lucrativo, como antes
muchos de ellos lo habían tenido por esas mismas aguas con el contrabando de
drogas.
El mar que rodea a
Cuba -la historia nos enseña- ha sido siempre un mar de piratas.
El negocio del
contrabando de cubanos no es nuevo. No hace muchos años, para decir con más
precisión, antes del derribo de las avionetas de los llamados "Hermanos al
Rescate", los contrabandistas que salían de Cuba dejaban su contrabando humano
en un cayo de Las Bahamas. Preferentemente Cayo Guinche o Cayo Lobo, situados
al norte del puerto villareño de Caibarién.
Era entonces cuando los
Hermanos del Aire, que posiblemente tenían información de la salida ilegal, le
notificaban por radio a los guardacostas americanos, el lugar en que se
encontraban los "supuestos náufragos". Según estos después decían, habían
perdido sus balsas o su maltrecha embarcación debido a la furia del mar
embravecido. Los guardacostas norteamericanos los rescataban, y llegaban sanos
y salvos a tierras de la Florida. ¡Ya eran todos unos bravos exiliados
políticos!.
Después las cosas
cambiaron. Ahora los contrabandistas salen de los cayos de la Florida y tocan
un punto de la costa cubana donde embarcan a los supuestos balseros en una
operación lucrativa que va desde cinco mil a 10 mil dólares por persona.
Las balsas de goma
vienen en la popa de la embarcación de los contrabandistas de manera que los
contrabandeados son montados en las balsas cuando ya están cerca de las playas
floridanas. Todo parece muy heroico y dramático, cuando en realidad no es otra
cosa que una farsa vergonzosa. Están violando leyes cubanas y norteamericanas.
En realidad, los que
perecen en las aguas embravecidas son los incautos, los que creyendo las
falsas historias de los "balseros" que llegan a Estados Unidos, se lanzan a la
aventura sin tener contrato ni contacto alguno con los piratas del mar.
La llamada "Ley de
Ajuste Cubano" debe ser derogada cuanto antes por el gobierno de Estados
Unidos. Mantenerla vigente incita a la aventura loca de los ignorantes y sirve
de instrumento perfecto a los contrabandistas inescrupulosos que, violando las
leyes de Inmigración de Estados Unidos, hacen de su negocio pirata una
operación más lucrativa y con menos riesgo que el contrabando de drogas.
La Ley de Ajuste
Cubano es mas bien una Ley de Ajuste de Cuentas. Es la cuenta vieja que
Washington le paso a Cuba en 1966 y que ahora se ha convertido en un boomerang
que a quien más le pega es al propio gobierno y pueblo de Estados Unidos.