
Haydée Santamaría, una mujer revolucionaria
Nuestra América Con el
triunfo de la Revolución Cubana, Haydée Santamaría -cuyo sobrenombre era Yeyé-
funda en 1959 una institución cultural que será emblema entre los intelectuales
críticos de todo el orbe: la Casa de las Américas. Allí recibirá a los
intelectuales más importantes del mundo que han visitado Cuba y han descubierto
el papel fundamental que la Revolución le ha brindado a la cultura.
Nota introductoria
Haydée Santamaría Cuadrado [1922-1980] es una de las mujeres que participaron el
26 de julio de 1953 en el asalto al cuartel Moncada, encabezado por Fidel
Castro. Luego de ese asalto, muchos combatientes fueron capturados por el
Ejército del dictador Batista. Como ya es una triste "costumbre"... -hoy
empleada por los militares norteamericanos en Irak y en Guantánamo como ayer en
Vietnam y en innumerables lugares del mundo, por el Ejército francés en Argelia,
por los militares argentinos, chilenos, israelíes y sudafricanos y por todos los
aparatos de represión que defienden al capitalismo- a esos combatientes los
torturaron.
Abel Santamaría, hermano de Haydée, fue uno de los torturados. Ahí mismo, lo
asesinaron. A los sobrevivientes los encarcelaron. Haydée escribe entonces esta
carta a sus padres -que ahora reproducimos- luego del asesinato de Abel en la
tortura. Allí hace referencia a los sueños rebeldes de su hermano y al
significado de Fidel Castro para el movimiento revolucionario.
Haydée fue una de las encargadas de sacar de la cárcel en forma clandestina y de
recomponer, por distintas vías, el célebre alegato de Fidel Castro en el juicio
ante sus captores conocido popularmente como La historia me absolverá.
Más tarde, habiendo sido una de las cofundadoras del Movimiento 26 de julio,
Haydée participa como combatiente guerrillera en la lucha que provocará la caída
de Batista y el triunfo de la Revolución Cubana. No es la única mujer que
participa en esa lucha, pero sí es una de las más destacadas junto a Celia
Sánchez [1920-1980], a Melba Hernández y a muchas otras. Por ejemplo, el 4 de
septiembre de 1958 se forma en la Sierra Maestra el pelotón "Mariana Grajales"
del Ejército Rebelde, formado exclusivamente por mujeres combatientes.
Con el triunfo de la Revolución Cubana, Haydée -cuyo sobrenombre era Yeyé- funda
en 1959 una institución cultural que será emblema entre los intelectuales
críticos de todo el orbe: la Casa de las Américas. Allí recibirá a los
intelectuales más importantes del mundo que han visitado Cuba y han descubierto
el papel fundamental que la Revolución le ha brindado a la cultura. Muchos de
ellos recuerdan a Haydée, entre otros nuestro querido Julio Cortázar.
Más tarde, será una de las cofundadoras y miembro del comité central del nuevo
Partido Comunista cubano (fundado en 1965, a partir de la unidad de varias
organizaciones lideradas por el Movimiento 26 de Julio) e integrará la
presidencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), reunida en
La Habana en 1967 para coordinar la lucha insurreccional en todo el continente.

En ese año se produce el asesinato del Che Guevara en Bolivia (otra vez, como
siempre, realizado a sangre fría y por órdenes de la CIA y los rangers
norteamericanos que asesoraban al Ejército boliviano). Luego de conocerse en
Cuba su asesinato, Haydée le escribe al Che la carta que ahora reproducimos.
Ese mismo año, el 13 de julio de 1967, Haydée brinda una charla a los
estudiantes de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de La Habana
sobre el asalto al Cuartel Moncada. Allí relata gran parte de su experiencia
como mujer revolucionaria y combatiente guerrillera.
En uno de sus pasajes, Haydée le dice a un estudiante: "Para mí ser comunista no
es militar en un partido; para mí ser comunista es tener una actitud ante la
vida". En otra parte, resumiendo lo que sienten muchas mujeres revolucionarias
del mundo que han caído bajo la represión, afirma: "Iba presa, esposada,
maniatada, y me sentía más fuerte y más libre que aquellos que con la toga de
justicia me iban a juzgar". Más adelante, le confiesa a una joven estudiante: "Y
así, compañera, puedo decirte que me impresionó hasta ver caer, hasta ver morir
a un enemigo. Me impresionó tremendamente ver caer a aquel que veníamos a
combatir [...] Soy enemiga ya no de matar por gusto, soy hasta enemiga de ser
violenta por gusto. Creo que hay que hacer un gran esfuerzo para ser violenta,
para ir a la guerra, pero hay que ser violenta e ir a la guerra si hay
necesidad".
Esa extensa conversación fue editada posteriormente en el libro Haydée habla del
Moncada [La Habana, Casa de las Américas, 1985]. Al año siguiente, en 1968,
Haydée viaja a Vietnam como parte de una delegación solidaria de la Revolución
Cubana con el pueblo indomable de Ho Chi Minh.
Hoy en día, ella se ha convertido en un símbolo de la mujer revolucionaria más
allá de las fronteras de la Revolución Cubana. Por ejemplo, en Australia, Betsy
Maclean acaba de publicar una antología -en inglés- que incluye, además de su
introducción, escritos y cartas de Haydée y sobre Haydée [Véase: Haydée
Santamaría editado por Betsy Maclean. Australia, Ocean Press, 2003. Colección: "Rebel
lives" (Vidas rebeldes)].
Como mujer revolucionaria, como militante, como intelectual y como combatiente
por el socialismo, Haydée Santamaría -junto con sus compañeras cubanas- forma
parte de una extensísima y gloriosa tradición mundial que también integran las
militantes francesas Flora Célestine Thérèse Tristan [1803-1844], Louise Michel,
Madame Fautin y Hortense David, la inglesa Elisabeth Dmitrieff, las rusas Vera
Ivánovna Zasúlich [1851-1919] y Alexandra Kollontai [1872-1952], la alemana
Clara Eissner Zetkin [1857-1933], la judía polaca Rosa Luxemburg [1871-1919], la
ucraniana-estadounidense Raya Dunayevskaya [1910-1987], la española Dolores
Ibárruri Gómez [1895-1989], la vietnamita Nguyen Thi Binh, la argelina Djamila
Boupacha, la nicaragüense Luisa Amanda Espinoza [1948-1970], la alemana Ulrike
Marie Meinhof [1934-1976], la argentina-alemana Haydée Tamara Bunke Bider [1937-
1967], la italiana Margherita Cagol [¿?-1975] y las argentinas Alicia Eguren
[1924- 1977] y Ana María Villareal de Santucho [1936-1972] entre muchísimas y
muchísimas otras.
Una tradición heroica de pensamiento y acción -integrada por vertientes
distintas y experiencias diversas- donde la lucha de las mujeres jamás se
escinde de la lucha por la revolución y el combate por la causa mundial del
socialismo.
La Cátedra de Formación Política Ernesto Che Guevara reproduce estas cartas de
Haydée por tres razones. En primer lugar, porque constituyen documentos
históricos muy importantes sobre la Revolución Cubana. En segundo lugar, porque
ayudan a conocer la personalidad de Haydée Santamaría y a comprender el papel
central jugado por ella y por otras mujeres en la lucha revolucionaria
latinoamericana. En tercer lugar, como un pequeñísimo homenaje a todas las
mujeres del mundo que en Irak, en Palestina, en Colombia, en el país vasco, en
Brasil, en Chiapas, y en todos los rincones del mundo participan de la lucha
revolucionaria, resistiendo las represiones, las torturas, las violaciones y
todo la barbarie con que el imperialismo pretende domesticar la rebelión de
nuestros pueblos.
(Agrademos a la compañera Celia Hart, hija de Haydée Santamaría y Armando Hart,
que nos haya permitido reproducir ambas cartas).
[Fin de nota introductoria de Néstor Kohan].
Hasta la victoria
siempre, Che querido
[Carta de Haydée Santamaría al Che Guevara, escrita después del asesinato del
Che en Bolivia]
Che: ¿dónde te puedo escribir? Me dirás que a cualquier parte, a un minero
boliviano, a una madre peruana, al guerrillero que está o no está pero estará.
Todo esto lo sé, Che, tú mismo me lo enseñaste, y además esta carta no sería
para ti. Cómo decirte que nunca había llorado tanto desde la noche en que
mataron a Frank, y eso que esta vez no lo creía. Todos estaban seguros, y yo
decía: no es posible, una bala no puede terminar el infinito, Fidel y tú tienen
que vivir, si ustedes no viven, cómo vivir. Hace catorce años veo morir a seres
tan inmensamente queridos, que hoy me siento cansada de vivir, creo que ya he
vivido demasiado, el sol no lo veo tan bello, la palma, no siento placer en
verla; a veces, como ahora, a pesar de gustarme tanto la vida, que por esas dos
cosas vale la pena abrir los ojos cada mañana, siento deseos de tenerlos
cerrados como ellos, como tú.
Cómo puede ser cierto, este continente no merece eso; con tus ojos abiertos,
América Latina tenía su camino pronto. Che, lo único que pudo consolarme es
haber ido, pero no fui, junto a Fidel estoy, he hecho siempre lo que él desee
que yo haga. ¿Te acuerdas?, me lo prometiste en la Sierra, me dijiste: no
extrañarás el café, tendremos mate. No tenías fronteras, pero me prometiste que
me llamarías cuando fuera en tu Argentina, y cómo lo esperaba, sabía bien que lo
cumplirías. Ya no puede ser, no pudiste, no pude. Fidel lo dijo, tiene que ser
verdad, qué tristeza. No podía decir "Che", tomaba fuerzas y decía "Ernesto
Guevara", así se lo comunicaba al pueblo, a tu pueblo. Qué tristeza tan
profunda, lloraba por el pueblo, por Fidel, por ti, porque ya no puedo. Después,
en la velada, este gran pueblo no sabía qué grados te pondría Fidel. Te los
puso: artista. Yo pensaba que todos los grados eran pocos, chicos, y Fidel, como
siempre, encontró los verdaderos: todo lo que creaste fue perfecto, pero hiciste
una creación única, te hiciste a ti mismo, demostraste cómo es posible ese
hombre nuevo, todos veríamos así que ese hombre nuevo es la realidad, porque
existe, eres tú. Que más puedo decirte, Che. Si supiera, como tú, decir las
cosas. De todas maneras, una vez me escribiste: "Veo que te has convertido en
una literata con dominio de la síntesis, pero te confieso que como más me gustas
es en un día de año nuevo, con todos los fusibles disparados y tirando cañonazos
a la redonda.
Esa imagen y la de la Sierra (hasta nuestras peleas de aquellos días me son
gratas en el recuerdo) son las que llevaré de ti para uso propio". Por eso no
podré escribir nunca nada de ti y tendrás siempre ese recuerdo.
Hasta la victoria siempre, Che querido.
Haydée
Carta enviada desde la
prisión por Haydée Santamaría a sus padres
[escrita en 1953, después del asalto al cuartel Moncada, al llegar a la cárcel
de mujeres de Guanajay]
Ya estoy en Guanajay. Desde que llegué, iba a escribirles, pero sé sabían de mi
estancia aquí por Elena y Manuel y que sabían estaba muy bien.
Creo hace como 15 días estoy aquí y pensé era mejor esperar unos días para
escribirles y contarles algo de esto y como son las cosas para venir [a
visitarme], y si podían hacerlo y si dejaban entrar niños, para que me trajeran
a Carín [Sobrina de Haydée. En ese entonces una bebita]. Pueden decirles que los
pueden traer, y las visitas son los domingos de 2 de la tarde a 6.
Quiero que sepan que estoy muy bien, [por lo] que ustedes no se preocupen en
venir. Todos los domingos vienen muchas personas y nos traen de todo, además, la
comida es buena, así que no deben tener preocupaciones. Si creo que el domingo
que vengan, que no debe ser más de una vez al mes, me lo comuniquen antes, para
[que] ese domingo no vengan más visitas para así poder estar con ustedes y no
tener que atender a más gente que sí vienen todos los domingos por ser de aquí.
Por eso, deben avisar antes de venir; les repito, estoy de lo mejor, si no fuera
por la preocupación de ustedes por mí, y por saber el dolor que tienen al pensar
que no tendrán más a Abel [Abel Santamaría, hermano de Haydée, asaltante del
cuartel Moncada junto a Fidel, capturado, torturado y asesinado por los
torturadores de Batista] con ustedes, pudiera decirles que soy casi feliz. Si
ustedes pensaran como yo sobre Abel, pudieran también, si no ser felices, no ser
tan desgraciados como sé que son.
Mamá, Nino [sobrenombre cariñoso empleado por Haydée con su padre Benigno
Santamaría], sé bien que nada que les diga les quitará esta terrible pena, tal
vez cuando pasen los años me entenderán, cuando tengan de verdad la seguridad
[de] que ustedes son padres privilegiados, que siempre tendrán a ese hijo, y lo
tendrán tal como era, bueno, joven, hermoso, jamás ese hijo será como tendrán a
los otros, estos otros se convertirán en viejos, feos, agrios. Abel fue, es y
será ese hijo que no envejece, siempre seguirá con su cara tan linda, siempre
seguirá para ustedes, para todos nosotros con su fuerza, con su infinita
ternura, será quien nos haga ser de verdad buenos, será siempre el guía, y para
ustedes, será el hijo más cercano. Piensen bien que ya ustedes han sufrido
cambios, cambios tan grandes y bellos, que aunque fuera por eso sólo me
conformo, soy casi feliz; Abel los ha hecho cubanos, Abel ha logrado que ustedes
amen esta tierra, amen la hermosa tierra donde nació, y creo que es lo único que
él amaba más que a ustedes.
Como ustedes pueden pensar, no tendrán más [a] Abel, [pero] si él desde Santa
Ifigenia les ha dicho: quieran a Cuba, quieran a Fidel, y ustedes, aunque antes
él se lo pidió, es hoy cuando han entendido esa verdad, y yo, si no los viera
más a ustedes, sentiría la felicidad de tener siempre padres, porque han sabido
ser padres de Abel.
Mamá, Nino, y tú sobre todo Mamá, si me dijiste tantas veces que yo nada más
quería [a] Abel, que era el único que me importaba en la familia, y hoy vivo, no
soy desgraciada; [¿]Porqué tú no vas a vivir, no ser desgraciada[?].
Van a vivir más que nunca para él, vas a amar lo que tanto amó; puedes dedicarte
a defender lo que era la razón de su vida: los trabajadores de Constancia
[Central azucarero Constancia. La Revolución Cubana lo bautizó, luego del
triunfo, Abel Santamaría Cuadrado], no los Luzarragas [apellido de los
terratenientes explotadores de la zona donde vivía la familia Santamaría
Cuadrado].
Mamá, ahí tienes [a] Abel, [¿]No te das cuenta Mamá[?]. Abel no nos faltará
jamás. Mamá, piensa que Cuba existe y Fidel está vivo para hacer la Cuba que
Abel quería. Mamá, piensa que Fidel también te quiere, y que para Abel, Cuba y
Fidel eran la misma cosa, y Fidel te necesita mucho. No permitas a ninguna madre
te hable mal de Fidel, piensa que eso sí Abel no te lo perdonaría.
Haydée