
A 35 años de la voladura del avión de Cubana
5
Octubre 2011
Miami.- Quizás el atentado terrorista más emblemático de la política terrorista
mantenida y apoyada por los gobiernos de Estados Unidos en contra del pueblo
cubano durante más de cincuenta y dos años sea el derribo en pleno vuelo del
avión civil de Cubana de Aviación que causó la muerte a 73 personas: 57 cubanos,
11 guyaneses -la mayoría de ellos estudiantes becados en Cuba–, y 5 funcionarios
culturales coreanos. Entre los 73 pasajeros y tripulantes asesinados en este
acto único por su bestialidad se encontraba la totalidad del equipo nacional
juvenil cubano de esgrima que regresaba a la Patria con todas las medallas de
oro disputadas en el recién terminado campeonato centroamericano de esa
disciplina.
Este 6 de octubre se cumplen 35 años de ese acto de barbarie que estremeció y
estremece a la nación cubana y a toda persona de buena voluntad que conocen de
él, desde entonces al presente.
Los dos jefes terroristas que organizaron y dirigieron ese atentado, Luis Posada
Carriles y Orlando Bosch Ávila, ambos por décadas operativos principales de la
CIA –como demuestran toneladas de documentos desclasificados de esa agencia de
inteligencia–, nunca fueron penalizados con el rigor que la ley establece para
ese tipo de crímenes.
Ambos eventualmente se refugiaron en Miami escapando a la justicia. Bosch vivió
libre gozando de la impunidad brindada por los gobiernos de Estados Unidos hasta
abril pasado cuando murió en esta ciudad a los 84 años de edad de muerte
natural. Posada Carriles a sus 83 años de edad sigue gozando de esa misma
impunidad mantenida a favor de todos los terroristas de la extrema derecha
cubano americana por los gobiernos de Estados Unidos.
Como mantienen especialistas en estas materias, siguiendo instrucciones de la
CIA — que desde aquel momento quiso dar la apariencia de distanciamiento entre
sus terroristas y ella-, Orlando Bosch llama en junio de 1976 a una reunión en
República Dominicana de sus consortes, pertenecientes a cinco organizaciones
terroristas, establecen la Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas
(CORU), y se da comienzo a una criminal ofensiva terrorista.
Los principales atentados de esta escalada terrorista en 1976 fueron: a
consecuencia de una bomba colocada en la Embajada de Cuba en Lisboa, Portugal,
mueren dos diplomáticos cubanos; asesinato de un cubano técnico de la pesca en
Mérida, Yucatán, en un frustrado atentado al cónsul cubano en esa ciudad;
secuestro y desaparición de dos diplomáticos miembros de la Embajada de Cuba en
Buenos Aires, Argentina; una bomba estalla en pista en el vagón de carga de
equipajes destinado a un avión de pasajeros de Cubana de Aviación en el
aeropuerto de Kingston, Jamaica; en septiembre de ese año Omega 7, una de las
organizaciones terroristas integrantes de CORU, en colaboración con la dictadura
militar chilena, asesinaron a Orlando Letelier, quien fuera Ministro de
Relaciones Exteriores del gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador
Allende, y a su secretaria, Ronni Moffit, haciendo estallar su automóvil en el
Dupont Circle, en el mismo centro de Washington D.C.; y, claro, la voladura del
avión civil de Cubana de Aviación.
Entre los distintos blancos de la campaña terrorista de más de cinco décadas en
contra del pueblo cubano se encuentran: destrucción o sabotaje de objetivos
civiles dentro del país; ataques en contra de instalaciones costeras, naves
aéreas, mercantes y pesqueras; atentados contra instalaciones y personal cubano
en el extranjero, incluidas sedes diplomáticas; intentos de asesinato contra los
principales dirigentes de la república; introducción de gérmenes y plagas contra
la agricultura y explotación pecuaria; e introducción de cepas de enfermedades
contra las personas, incluidos los menores.
A consecuencia de esta innoble campaña más de 3 478 cubanas y cubanos han
perdido sus vidas y más de 2 099 han sido incapacitados.
En el discurso en La Habana, el 6 de octubre de 2001, menos de un mes después de
los trágicos atentados terroristas en Nueva York, Washington y Pennsilvania, en
el acto conmemorando el 25 Aniversario de la voladura del avión de Cubana, el
presidente cubano, Fidel Castro, dijo:
“La fría cifra de 73 personas inocentes asesinadas en Barbados, no lo dice todo
cuanto al sentido y magnitud de la tragedia.
Seguramente los norteamericanos lo comprenderán mejor comparando la población de
Cuba hace 25 años con la de Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. La
muerte de 73 personas en un avión cubano hecho estallar en el aire es lo que
significaría para el pueblo de Estados Unidos que 7 aviones de las líneas aéreas
norteamericanas, con más de 300 pasajeros cada uno, fuesen destruidos en pleno
vuelo el mismo día, a la misma hora, por una conspiración terrorista.
Si vamos un poco más lejos y tomamos en cuenta los 3.478 cubanos que han muerto
durante más de 42 años por las acciones agresivas, incluidas la invasión de
Playa Girón y todos los actos terroristas que ha sufrido Cuba originados en
Estados Unidos, es como si en ese país hubiesen muerto 88,434 personas, una
cifra casi igual al número de norteamericanos que murieron en las guerras de
Corea y Viet Nam juntas”.
Nada de esto escrito aquí es nuevo, al contrario, muchas de estas cuestiones son
ampliamente conocidas. ¿Pero qué otra cosa podemos hacer para lograr hacerle
justicia a todas estas víctimas, asesinadas o incapacitadas, por estas
monstruosas campañas terroristas y, además, para que el pueblo cubano un día, no
muy lejano, pueda vivir y desarrollarse libremente y en paz, que denunciar,
denunciar y denunciar a los terroristas, sus crímenes y la política que los
sustentan. Machacándolos con la verdad y la justeza.