
La Constitución de Guáimaro: madre de la República
Para su aprobación, los cubanos pusieron la causa emancipadora por encima de
los criterios divergentes y lograron la unidad de todas las fuerzas involucradas
en la Guerra Grande
Por: Haydée León Moya
Dicen
que como ella no hubo otra igual de polémica durante el período de las guerras
de independencia. Pero no por eso, afirman también, a la constitución aprobada
el 10 de abril de 1869, le faltó el espíritu unificador que necesitaba entonces
la nación.
Tras el inicio de la lucha contra el colonialismo español para alcanzar la
soberanía de Cuba, con el Grito de Independencia del 10 de octubre de 1868,
resultó indispensable el entendimiento entre los mandos oriental (representado
por Carlos Manuel de Céspedes) y centro-camagüeyano (encabezado por Ignacio
Agramonte) en cuanto a la forma de conducir la contienda, pues existían
discrepancias, motivadas por intereses regionales y por influencias de
corrientes políticas anteriores. A pesar de ello, primó la sabiduría: poner la
causa emancipadora por encima de los criterios divergentes y lograr la unidad de
todas las fuerzas que la respaldaban.
De tal suerte, se acuerda convocar en Guáimaro, poblado de Camagüey cercano al
límite con Oriente, la Asamblea Constituyente encargada de dotar de un
fundamento jurídico al país y elegir a las autoridades que debían dirigir sus
instituciones.
Entre los asuntos fundamentales abordados allí, y finalmente aprobados,
estuvieron la constitución de un gobierno de forma republicana, adoptando la
clásica división de poderes en legislativo, ejecutivo y judicial; se proclamó el
objetivo emancipador y antiesclavista del proceso; fue creada una Cámara de
Representantes que detentaría el poder político, y el cargo de Presidente de la
República en Armas (poder ejecutivo), con lo cual se dota al estado de
instituciones de dimensión nacional.
La proyección de nuestra primera Carta Magna, aunque fue aprobada en medio de la
lucha, no solo estableció sus vínculos con ese estado de la nación. Un elemento
significativo es la limitación que se estableció a la Cámara de Representantes
para suprimir las libertades de culto, imprenta, reunión pacífica, enseñanza y
petición, así como cualquier otro derecho propio del pueblo, marcando así el
inicio del reconocimiento de los derechos civiles y las garantías
constitucionales a todos los ciudadanos cubanos, concepto jurídico que por
primera vez se reconoce.
De igual forma, se pronuncia en materia de contribuciones, empréstitos públicos,
y ratificación de los tratados, declaración y conclusión de la guerra.
La de Guáimaro, como las otras constituciones nacidas en el fragor de los
combates por la independencia, expresaron los niveles más altos de la cultura
jurídica, social y política de la nación. Ella dotó, incluso con sus
limitaciones, de un Estado de Derecho a esta nación que emergía, que podía
reclamar su reconocimiento internacional y movilizar el apoyo de otros pueblos y
países para la lucha que, en combate cruel y desigual, libraba el pueblo cubano.
De ahí que estén presentes en el espíritu actual de la nación sus concepciones
libertarias y democráticas.