
Allí, la alegría de ver a los
viejos compañeros combatientes, ¿tú sabes lo que es eso, en tierra ajena
encontrarse con cubanos también, con cubanos a los que uno les ligaba afecto y
sentimiento? Empezamos las prácticas de tiro, comprendiendo que cada bala que
tirábamos en aquel entonces era el sudor y sangre de los compañeros que estaban
aquí en Cuba, que se sacrificaban en mandarnos a nosotros allá el sustentoa
través de los bonos y las colectas aquellas, ¿teacuerdas? Entonces estábamos
conscientes de que teníamos que ser precisos en el tiro, que teníamos que ser
correctos en los ejercicios para no prolongar mucho tiempo la palabra que había
empeñado Fidel con su pueblo de que seríamos libres, de que seríamos héroes o
seríamos mártires, en 1956.
Así fueron
llegando un buen número de hombres a México, los que se agregarían a aquellos
que ya tenían avanzados algunos preparativos. Del grupo de los 82 que salieron
en el Granma, la estadística sobre sus características revela que el
promedio general de edad era de 27 años. Una cuarta parte de ellos había
participado en las acciones de asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de
Céspedes, el 26 de julio de 1953. La mayoría tenía como ocupación la de
empleado. Más de la mitad había alcanzado sólo la escolaridad primaria y apenas
diez contaban con una preparación universitaria o equivalente.
El exilio
en la vida de los militantes revolucionarios ha sido una constante siempre
presente en sus anhelos libertarios. Para el exilio latinoamericano, México es y
ha sido tradicionalmente la casa imprescindible de los hombres emancipadores de
la gran patria latinoamericana. En México han encontrado afecto, comprensión y
un gran apoyo solidario hombres de gran talla por su integridad moral y
política. La lista es larga y en ella se destacan José Martí, Julio Antonio
Mella, Augusto C. Sandino y, por supuesto, Fidel Castro y gran parte de los
expedicionarios. Por ello no es casual que de tierras mexicanas haya partido -e
iniciado también en gran medida-, la gesta del Granma.
Así como
Fidel, todos los futuros combatientes del Ejército Rebelde en su lucha contra la
dictadura batistiana tomarían como ejemplo las grandes gestas emprendidas por el
pueblo mexicano en su historia. Ellas representaban un gran estímulo para
fortalecer su conciencia latinoamericana y antiimperialista. El 10 de octubre de
1955, cuando el M-26-VII conmemoraba el aniversario de la guerra que en 1868
iniciara Carlos Manuel de Céspedes, Fidel Castro pronunció ante el monumento a
José Martí en la ciudad de México, un emotivo discurso en el que afirmaba:
El que les
habla aquí, puede asegurarles que el pueblo cubano se prepara para librar la
batalla decisiva, y no son palabras. Algún día volveremos aquí para hablar de
Bolívar, para hablar de Juárez, para hablar de Sucre, para hablar de Hidalgo, de
Morelos, de Martí, de Cárdenas, de Madero, de Sandino, de todos los próceres.
Vendremos
aquí con un pueblo libre, con un pueblo libre de Cuba en la mano, y les diremos
a los exiliados de los demás países: allá también tienen, como en México, una
patria donde puedan vivir, una patria donde puedan prepararse para la batalla
final.
Quien les
habla aquí, quiere aprovechar la oportunidad para expresarles quizás uno de los
sentimientos más fervorosos de veneración, de admiración y de respeto.
Nuestra
admiración y nuestro respeto por los niños héroes de México. Esos niños héroes
cuyo espíritu, como dijera el compañero Juan,(1)
va reencarnando en la juventud mexicana. Es decir, ustedes jóvenes de México,
pueden sentirse orgullosos, pueden sentirse convencidos de poseer una de las
mayores fortunas espirituales que haya poseído ninguna juventud en el mundo.
Este ejemplo extraordinario de los héroes, allí donde cayeron, allí donde están
esculpidos para siempre en piedras sus nombres, allí es un lugar donde muchas
veces los exiliados cubanos vamos a tomar aliento, vamos a tomar fe, y vamos a
inspirarnos en su ejemplo.
Cuantas
veces me detengo allí, junto a la torre majestuosa que se alza en lo alto del
templo, me parece verlos caer envueltos en la bandera mexicana y subir de nuevo
luego, hacia el cielo, para convertirse en estrellas que guíen para siempre el
decoro y la dignidad del pueblo mexicano. Y yo envidio a los niños héroes de
México, porque los admito también, y creo que los niños héroes pertenecen a
México y pertenecen también a América, porque cayeron luchando contra el
imperialismo que ha puesto sobre toda la América sus garras.
Y cuando
veo aquel monumento de piedra, y cuando veo aquellas columnas que en forma de
antorchas se levantan, veo a la madre patria con aquelos niños mártires en sus
manos, veo aquellas águilas con el pico mirando hacia el cielo y el pecho
erguido en actitud desafiante, porque jamás había visto nada tan imponenteque
esas águilas mexicanas; cuando veo todo eso, comprendo que aquellos que una vez
osaron pisar con sus plantas la tierra mexicana, cuando se detienen frente a
todos esos símbolos vivientes de la dignidad del pueblomexicano, digo que esos
que pisotearon y profanaron unavez la tierra azteca, esos tienen que comprender
que aquella guerra no fue una guerra perdida sino que fueuna guerra ganada para
la dignidad de México.
Finalmente Fidel agregaba:
Mexicanos
y cubanos, reafirmemos la fe, reafirmémosla
ahora, cuando la banda de la Secretaría de Defensa que
tan brillantemente nos ha inspirado en el día de hoy,
entone los himnos cubano y mexicano. Y se hermanen esos
versos de nuestro himno que dicen: "Que vivir en
cadenas, es vivir en oprobio y afrenta sumidos... Que
morir por la patria es vivir".
Y esos versos que dicen: "Mexicanos al grito de
guerra, el acero aprestad y el bridón, y retiemble en
su centro la tierra, al sonoro rugir del cañon. Y si
osare un extraño enemigo, profanar con sus plantas tu
suelo, piensa ¡oh! patria querida que el cielo un
soldado en cada hijo te dio". Y cuente México también
con un hijo en cada cubano.
¡Viva México! ¡Viva Cuba! ¡Viva América!
Así el exilio cubano en México encontraba para la realización de sus proyectos
revolucionarios una serie de condiciones históricas fundamentales, para iniciar
desde este país la expedición del Granma, sin que por ello dejaran de
tener problemas, sobre todo en una empresa como esa en la que estaba en juego el
derrocamiento de un gobierno como era el de Fulgencio Batista en Cuba.
Dentro de
los problemas que el exilio cubano tuvo que afrontar, estaban las propias
dificultades de realizar la preparación del operativo, situación que requería un
discreto y reservado accionar. Por otro lado, los servicios secretos de la
seguridad del régimen batistiano realizaron una serie de diligencias con algunos
funcionarios mexicanos, que provocaron la persecución contra los revolucionarios
cubanos. Un espacio relevante en esos acontecimientos lo ocupó la Embajada de
Cuba en México. Incluso desde ella se planearon atentados que buscaban la
eliminación física de Fidel Castro. La noche del 20 de junio de 1956 se lleva a
cabo por parte de la policía mexicana la detención de Fidel Castro, Ramiro
Valdés y Universo Sánchez, así como la consiguiente detención en días
posteriores de otros miembros del M-26-VII y de algunos colaboradores de esa
organización.
Algunos de
los detenidos fueron sometidos a crueles torturas y a diversos vejámenes por
parte de la policía. Después de que autoridades judiciales ordenaron la libertad
de un buen número de detenidos, incluso en contra de las órdenes dispuestas por
la Secretaría de Gobernación, seguían presos Fidel Castro, Ernesto Guevara y
Calixto García. Fue sólo a través de la gestión del general Lázaro Cárdenas ante
el entonces presidente de México, Adolfo Ruiz Cortines, que se logró la
liberación del principal dirigente del Movimiento. Al poco tiempo de recobrar su
libertad, Fidel se entrevistó con el ex presidente Cárdenas.
Para
prevenir situaciones semejantes, gran parte de los integrantes del operativo del
Granma se trasladaron al interior del país. Algunos de los puntos
elegidos fueron tanto la ciudad de Jalapa como el puerto de Veracruz; de estas
ciudades saldrían más tarde contingentes hacia Tuxpan para embarcarse en la
misión.
La adquisición del
Granma
Uno de los
principales preparativos de la expedición fue la necesidad de conseguir la
embarcación que fuera capaz de viajar de las costas de México a las de Cuba.
Ésta fue una de las preocupaciones técnicas de Fidel.
En una ocasión, cuando Fidel revisaba a mediados del año de 1956 un catálogo de armas, le llamó la atención una foto que apareció impresa; en ella aparecía una lancha torpedera PT. La característica de ella era la de poseer gran velocidad, maniobrabilidad y contar con una artillería de cañones de 40 mm., además de los torpedos, a lo que se sumaba la capacidad de los generadores de humo que les permitía ocultarse en su huida. En fin, este tipo de nave resultaba muy accesible para los propósitos expedicionarios.