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13 de marzo de 1957

Asalto a la madriguera

Aquella audaz acción con la que el Directorio Revolucionario intentó ajustarle cuenta al dictador Fulgencio Batista

 

Por: PEDRO ANTONIO GARCÍA
cultura@bohemia.co.cu

A las tres de la tarde del 13 de marzo de 1957, el auto de Carlos Gutiérrez abrió la caravana. Detrás iba un camión, con un letrero que decía Fast Delivery, seguido de otro auto. De la calle 17 en la zona residencial del Vedado, doblaron por O, Vapor, Espada, San Miguel, Campanario, Dragones... El camión iba casi ponchado. Antes de salir, al ver la goma izquierda trasera baja de aire, uno de los jefes le preguntó a Amado Silveriño: "¿Qué tú crees?" "Yo llego –replicó el chofer–, si los muchachos se me arriman para el otro lado, yo lo llevo."

Para los jóvenes cubanos de la época, el Palacio Presidencial era el símbolo del poder antipueblo, cubil donde se refugiaban los representantes de aquella sociedad tan injusta


Además...

 . Combatientes caídos en el asalto a Palacio

En el interior del camión iban apretados los hombres, unos contra otros, en una oscuridad total y un asfixiante calor. Todos en mangas de camisa, menos Evelio Prieto: "Yo no me quito mi gabardina", había dicho antes de iniciar el viaje. Pegados a la puerta, Machadito y Juan Pedro Carbó intercalaban chistes. Mario Casañas acariciaba su arma y le decía bajito a Manuel Gómez Sartorio: "Ahora sí, ahora sí". Evelio se tuvo que quitar el saco por el calor: "No quiero que me la echen a perder llenándomela de huecos". Todos se rieron. Machadito vio a su novia por la ranura de la puerta al pasar el camión por una de esas calles y lo comentó en voz alta. Ángel Eros lo recordará años después: "Ella iba ajena a todo lo que estaba sucediendo".

En el edificio Radiocentro, en los estudios de Radio Reloj, José Antonio Echeverría, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y secretario general del Directorio Revolucionario (DR), se apoderaba de los micrófonos: "Pueblo de Cuba, en estos momentos acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el dictador Fulgencio Batista. En su propia madriguera del Palacio Presidencial, el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle cuentas. Y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, los que en nombre de la Revolución Cubana hemos dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio. Cubanos que me escuchan. Acaba de ser eliminado..."

 

 

Cumplir un compromiso

Edificio de 21 entre 22 y 24, donde se acuartelaron los miembros del comando de asalto

"No fuimos originales en la idea de atacar el Palacio Presidencial –asegura Faure Chomón, fundador del DR y su jefe de Acción en 1957-. Esa idea formaba parte del arsenal táctico de la Revolución y era una idea magnífica, que había obsesionado a más de una generación. En la segunda tiranía batistiana (1952-1958), los viejos revolucionarios que habían empezado a conspirar contra el dictador tuvieron ese proyecto, pero no lo ejecutaron pese a que disponían de muchos armamentos y recursos... Nosotros lo hicimos de verdad, con José Antonio de jefe, y eso fue lo original. Atacar Palacio era un compromiso de la juventud cubana con la nación."

A finales de agosto de 1956, José Antonio, en nombre de la FEU, había suscrito con Fidel la Carta de México, "verdadera declaración de guerra de la juventud cubana contra la tiranía", en opinión de Faure: "Nosotros teníamos una concepción de la vía armada, la lucha de calle, que no era la que iba a desarrollar Fidel, la guerra de guerrillas. Y él nos unió: en todos nuestros encuentros nos dijo que todas las tácticas son necesarias, hablamos de nuestras coincidencias en cuestiones estratégicas: lucha armada a muerte contra la tiranía (...)"

 

Desde este sótano de la calle 19 entre B y C partió José Antonio para la Operación Radio Reloj

Cuando Fidel le anunció a José Antonio, mediante telegrama, la salida de la expedición del Granma, muy poco pudo hacer el DR para apoyar el desembarco. "No contábamos con los hombres y las armas suficientes capaces de llevar a efecto un hecho de gran envergadura en La Habana", afirmaba el combatiente José Assef, El Moro. "Para nosotros era impensable que Fidel llegara y no hiciéramos nada, nos reunimos varias veces y discutimos mucho, fuertemente", asegura Julio García Oliveras, segundo de Faure en la Jefatura de Acción. Otro combatiente, Pepe Wanguemert, sostenía la tesis de formar grupos y hacer ataques sorpresivos. García Oliveras proponía atrincherarse en la Universidad. José Antonio se opuso a ambas ideas: "Asumo esta responsabilidad, pues nosotros no podemos dar un paso que signifique la inmolación de un grupo de compañeros en un plan sin posibilidades de ningún tipo".

La posterior incorporación de Eduardo García Lavandero y Evelio Prieto al DR, depositarios de las armas de los politiqueros auténticos, acrecentó el arsenal de la organización. "Con los compañeros presos que estaban en la cárcel del Príncipe –afirma Faure–, captamos a Daniel Martín Labrandero, comandante republicano en la Guerra Civil Española, a quien queríamos como asesor del ya proyectado asalto a Palacio. Quisimos rescatarlo de la prisión, pero murió en la fuga. Eso acercó mucho a Carlos Gutiérrez, amigo de Daniel, a nosotros. Carlos era experto en acciones de comando."

Junto con Carlos Gutiérrez, también ingresó al DR, Menelao Mora, veterano combatiente de la Revolución del 33.

La Casa de los Tres Quilos

Estado en que quedó, después del combate, el camión que trasladó a los miembros del comando de asalto

Según explicara Faure a BOHEMIA en marzo de 1959, el plan militar contemplaba que un comando de 50 hombres, bajo la jefatura de Carlos Gutiérrez, asaltaría al Palacio Presidencial; otro comando, de más de cien hombres, protagonizaría la operación de apoyo, en la que serían tomados los edificios que rodean el Palacio y en sus azoteas emplazarían ametralladoras calibre 30 para barrer con su fuego la azotea de la madriguera del dictador; un tercer comando tomaría Radio Reloj para difundir la noticia de la muerte de Batista y arengar al pueblo.

Para evitar que, de haber filtración por alguna conversación, el régimen se percatara de lo que el DR tramaba, se acordó llamar en clave a Palacio "La Casa de los Tres Quilos", en alusión a una tienda de la época, muy popular por sus mercancías a bajo precio.

A la vez, se instaló un sistema de chequeo que seguía al dictador Batista desde que salía del cuartel de Columbia (hoy Ciudad Libertad) hasta Palacio (hoy Museo de la Revolución). La primera posta estaba en 42 y 31 (hoy municipio de Playa); la segunda, en Malecón y Línea; la tercera, casi llegando a Prado, en una casa con teléfono que recibía las noticias de su paso por 42 y diariamente cronometraba el tiempo invertido en el recorrido.

Acuartelamiento

Forzada la entrada, los combatientes del DR subieron por esta escalera hasta el segundo piso de Palacio

Faure recuerda: "Había que alquilar urgentemente casas para acuartelar los hombres del comando de asalto y nos encontrábamos sin dinero. Resolvimos el problema al proponerle a Carlos un apartamento que tenía el DR en un edificio estratégicamente situado en calle 21 entre 22 y 24, en el Vedado... Tuvimos que alquilar un departamento más en aquel lugar tan ideal, pero el dinero no acababa de aparecer y entonces Armando Pérez Pintó, en un gesto de total desprendimiento, nos entregó su sueldo de ese mes".

Años después, Berto Valdés Huergo recordaría cómo "sobre el 9 de marzo, Medinita (Gerardo Medina) llega a mi casa y me comunica que vamos para La Habana. Yo localizo a la gente, les aviso que no se muevan de Pinar del Río. Vinimos en dos carros. Éramos seis o siete. Fuimos directo al Vedado, para un apartamento donde estaban Menelao y Carlos Gutiérrez".

 

"Alrededor del 10 de marzo" le avisaron en Guanajay a Ángel Eros. "Recojo a (Pedro) Esperón en el poblado habanero de Bauta... Nos acuartelaron en un apartamento de la calle 21". Ángel sería el único que sobreviviría a la acción entre los cinco combatientes que aportaron Guanajay y Artemisa.

 

Tony Castell fue designado en uno de los dos apartamentos como responsable de la disciplina interna. "Fue necesario tomar una serie de medidas –testimoniaría ya con la Revolución en el poder–, entre ellas hablar bajito, fumar uno solo, no ir seguido al baño. Eso era un edificio de apartamentos y el ruido podía levantar sospechas."

Al retirarse de Radiocentro, José Antonio y sus compañeros balearon la cabina central de controles

A José Antonio lo habían ubicado en un sótano en 19 entre B y C, también en el Vedado. El Moro Assef, quien compartió dicha vivienda con él, rememoraría años más tarde: "El asma no lo dejaba conciliar el sueño. El frío en aquel sótano era mortal para él. Poseíamos una sola cama. Él siempre quería cedérmela y yo, que él la cogiera. Acabamos por dormir en el suelo, porque él no la cogía y yo, mucho menos".

El 12 de marzo, Batista regresó a Palacio a las seis de la tarde. Se decidió esperar al día siguiente. A las 11 de la mañana del día 13, se precisó que permanecía en Palacio. "Sin perder un minuto de tiempo –asevera Faure Chomón–, dimos la orden de estar listos para iniciar la marcha sobre Palacio."

13 de marzo, 3:10 p.m.

Mientras la caravana del comando de asalto transitaba por las calles de La Habana, tres automóviles partían del sótano de la calle 19. Bajaron por B, doblaron en 17, siguieron rectos hasta M y enrumbaron por esta hacia el edificio Radiocentro, donde se ubican los estudios de Radio Reloj. "Ese día José Antonio se transforma –recordaría tiempo más tarde Humberto Castelló, participante de la acción–, cuando se tira de la máquina, está rojo, excitado."

En Palacio, Carlos Gutiérrez descendió de su carro y, en un movimiento tan rápido que desconcertó a la posta, se situó entre las arcadas de la puerta de la calle Colón y fulminó a la guardia. Como un semidiós forjado en el combate, arrasaba con toda resistencia a su paso. Junto con él entraron en Palacio Luisito Almeida, Pepe Castellanos, Luis Goicoechea... Faure, al alcanzar la verja, se sintió sacudido "como si fuera de papel, pierdo mi estado consciente mientras tengo la impresión de que soy lanzado al aire por la mano de un gigante y con la sensación de que me voy en un sueño, solo pienso: ‘Me han matado’".

"Logramos entrar a la planta baja –expresó Ángel Eros en un testimonio–, el grupo de Alfonso Zúñiga cogió a la derecha, nosotros a la izquierda". "La segunda planta estaba abierta –afirma Berto Valdés–, nos colocamos detrás de una de las columnas y nos hicimos fuertes allí. Ya empiezan a tirar desde la azotea y los pisos superiores, yo también respondo". Tony Castell y otros tres compañeros tenían que garantizar la zona del parqueo. "La escolta de Batista se refugió en la iglesia del Ángel, que nos quedaba casi en frente. Empezamos a combatir contra ellos, porque nos tiraban desde las ventanas del templo."

Hasta la entrada del despacho del dictador Batista llegaron los combatientes del DR

En Radio Reloj, ante la certeza de que la transmisión se había ido del aire, Fructuoso, Westbrook y Pedro Martínez Brito bajan por el elevador, y por las escaleras, casi corriendo, José Antonio y El Moro. "Cuando José Antonio sale se forma un tremendo tiroteo –testimonió Humberto Castelló–, entonces viene la arrancada (de los carros) y el incidente con el policía... El Chino Figueredo hace un disparo y lo hiere en un muslo. El policía se queda como pidiendo perdón allí. No lo rematamos. Enriquito Rodríguez Loeches le quitó el arma, la documentación y arrancamos."

En Palacio, hasta el Salón de los Espejos llegaron Carlos Gutiérrez, Castellanos, Pepe Wanguemert y Goicoechea. "Llegamos hasta la puerta del despacho del aborrecido dictador –testimonió este último–, escuchamos voces excitadas dentro. Gutiérrez gritó: Salgan con las manos arriba. La respuesta fue un tiro que hizo estallar en añicos los cristales de la puerta." Carlos lanzó por el hueco de los cristales rotos cuatro granadas, las tres primeras no estallaron. "A la cuarta se sintió una explosión. Instantáneamente franqueamos la puerta disparando nuestras armas. En el suelo había dos hombres muertos. El despacho estaba vacío. Tratamos de hallar un pasadizo secreto que, según nos habían informado, unía el despacho de Batista con sus habitaciones del tercer piso. Imposible lograrlo."

José Antonio encabezó la Operación Radio Reloj

 

A la salida de Radio Reloj, el auto en que iba José Antonio no tomó la ruta prevista. En vez de seguir por M hasta San Lázaro, dobló en Jovellar. En la calle L es detenido por  un tranque de ómnibus. Cuando al fin atravesaron la entonces doble vía, se toparon con un carro patrullero. "Al chocar –aseguraba El Moro, testigo presencial de los hechos–, ellos dan marcha atrás y abren las puertas. José Antonio, con ese ímpetu, ese valor extraordinario, parte solo para arriba del perseguidor. Y se abalanza sobre la puerta y le da un tiro al chofer. Inmediatamente cae al piso, se incorpora para seguir tirando, pero una ráfaga lo fulmina."

Retirada

Según Goicoechea, "salimos del despacho y nos dirigimos hacia una escalera de caracol para tratar de llegar al tercer piso. Inútil. Desde la azotea y el piso de arriba nos disparaban despiadadamente... Estábamos ya cortos de municiones... La ametralladora de Carlos se había encasquillado, Castellanos tenía los cargadores vacíos. El grupo de apoyo no había aparecido por parte alguna".

Gómez Sartorio, al entrar a Palacio, había cogido para el ala izquierda del edificio. "Avancé hasta el fondo, tirando, siempre tirando. El tiroteo es grande. Cambio el peine y sigo tirando. En eso veo que hieren a Mario Casañas. Lo veo desfallecido y lo halo hacia mí. Siento un calor por mi cuerpo pero no me percato de que es la sangre de Mario."

Carlos Gutiérrez no perdió su optimismo: "Muchachos, ya estamos en el tercer piso, vamos", gritaba. Machadito le señaló la necesidad de traer como refuerzo a los compañeros que combaten desde la planta baja. Carlos estuvo de acuerdo y fue a buscarlos, acompañado de Castellanos. Se dirigieron por el pasillo hacia la escalera, sin advertir que se exponían al fuego del tercer piso. Ambos cayeron fulminados.

Carlos Gutiérrez dirigió el comando de asalto a Palacio

De la operación de apoyo no había ni rastro, a pesar del tiempo transcurrido. Los sobrevivientes, heridos y casi sin parque, comprendieron que la operación se había perdido. "Yo cubriré la retirada –dijo Machadito–, cuando comience a disparar, retírense todos rápidamente, yo seré el último." Su ametralladora tableteó en una ráfaga interminable mientras sus compañeros lograban llegar a la planta baja. Unidos a los combatientes que allí estaban, abandonaron el Palacio en distintas direcciones. Machadito, junto con Evelio Prieto y Berto Valdés se retiraron rumbo a la calle Monserrate, sin dejar de disparar a diestro y siniestro.

Goicoechea, Wanguemert y Carbó se internaron en el parque Zayas (hoy Memorial Granma). El primero eludió las balas, atravesó Monserrate y escapó por Villegas. A Carbó, con dos balazos en el cuerpo, lo recogió una ambulancia. Estudiantes de Medicina le facilitaron luego su fuga del hospital Emergencias. Wanguemert no pudo sobrevivir.

Ángel Eros logró llegar a una de las avenidas aledañas y escapó en un auto. Tony Castell abandonó su encasquillado fusil, escondió la pistola entre sus ropas y atravesó Zulueta, Prado y otras calles, hasta llegar a casa de su tía en Perseverancia y San Lázaro. Gómez Sartorio se refugió en un hotel cercano hasta la madrugada siguiente y, disfrazado de mecánico, burló el cerco policial.

Alfonso Zúñiga intentó arrancar el auto, en el cual había venido Carlos. Faure, herido, le advirtió que el otro auto tenía la llave puesta. "Yo corro, cojo la máquina, la pongo al nivel de la otra máquina. Faure se monta, le paso el M-1, todo eso bajo las balas, le digo a Ricardo Olmedo (luego traidor a la Revolución) que monte. Pero él me contesta que no puede (está muy mal herido), y sin bajarme, con el pie en el acelerador, le di la mano y lo senté al lado mío. Partí velozmente."

José Antonio cayó en combate frente a fuerzas de la tiranía muy cerca de la Universidad de La Habana

Según testimonio de Faure Chomón, "después de los combates del 13 de marzo, un comando del 26 de Julio rescata un camión con las armas que abandonaron los jefes de la operación de apoyo y cobertura, la que no ejecutaron. Y otro comando del DR rescató el otro camión con el resto de las armas. Posteriormente, estas armas son enviadas a Fidel en la Sierra Maestra, las que sirven para rearmar el naciente Ejército Rebelde".

Si José Antonio no hubiera caído en combate

Para Faure, el ataque a Palacio "fue el heroísmo de dos generaciones abrazadas en una misma acción: La nuestra y la del 30, igual que los hombres del 68 y el 95, se unieron en el combate por la independencia de Cuba. Con el levantamiento del 13 de marzo cumplíamos, según entendimos nosotros, con el compromiso de José Antonio con Fidel".

Machadito cubrió la retirada de sus compañeros 

"Si José Antonio no hubiera caído en el combate que se impuso cuando cumplía la segunda parte de su plan de llegar a la Universidad, habría continuado hacia el combate de Palacio, donde su presencia habría cambiado la situación. Su prestigio revolucionario habría convocado a todas las fuerzas dispersas por los alrededores, empujando a los indecisos o impulsándolos para rescatar el camión con las armas para la operación de apoyo. Hoy estaríamos recordando otra más grande batalla que la que dio aquel 13 de marzo. Para José Antonio era también una cuestión de honor cumplir al máximo como lo hizo, hasta caer en combate. Aunque Fidel prefería que hubiese estado en la Sierra Maestra con él."

TOMADO DE: BOHEMIA